Traducción libre del artículo:
nostr:naddr1qvzqqqr4gupzpdlddzcx9hntfgfw28749pwpu8sw6rj39rx6jw43rdq4pd276vhuqyxhwumn8ghj7mn0wvhxcmmvqqgrqcmxvdskzetzxcmrxdmrxy6r2dx7qunPor: max@towardsliberty.com
Varias décadas han pasado desde que la criptoanarquía y el agorismo entraron en la mente de más de unas pocas personas. En los últimos años, el progreso real se ha acelerado. Bitcoin funciona. Los protocolos sociales descentralizados están ganando usuarios. La comunicación cifrada es algo común. Las herramientas de privacidad que antes requerían experiencia ahora funcionan en los móviles (celulares). El trabajo teórico de los cypherpunks y agoristas está dando frutos.
Pero no es suficiente. No es ni de cerca suficiente. Hemos construido raíles de comunicación y raíles de dinero. No hemos construido la sociedad que funciona sobre ellos. La brecha entre lo que existe y lo que una economía paralela exige sigue siendo enorme. Cerrar esa brecha exige algo de lo que al movimiento siempre le ha faltado: constructores.
La situación
Cada año más personas ven que el mundo construido sobre jerarquía, centralización e intervención interminable no funciona. Los servicios públicos están en bancarrota o colapsando. La explicación del mainstream es siempre la misma: no hay suficiente regulación, no hay suficiente supervisión, el capitalismo es codicioso. Esto está equivocado. El problema fundamental es que no puedes desear que la realidad cambie de forma diferente.
Las masas creyeron que arreglar los problemas causados por el último remedio produciría finalmente el paraíso. No lo hace. Nunca lo ha hecho. Lo único que la planificación central crea de forma fiable es miseria para los de abajo de la pirámide.
La humanidad ha logrado mucho. El hambre y las plagas han sido superadas para cientos de millones. Pero, en lugar de abrazar lo que hizo esto posible, las masas satisfechas de Occidente lo insultan: el estado de derecho, mercados funcionales, libertad económica. En lugar de desmantelar el corporativismo dañino, se pide más control democrático, más regulación gubernamental, más protección desde arriba. Como si la historia no enseñara nada. Solo un estilo de vida productivo, no uno parasitario, puede avanzar la condición humana.
Nuestros sistemas son frágiles. Construidos sobre redistribución y control de arriba hacia abajo en lugar de logros y toma de decisiones individuales. Economistas y teóricos de la complejidad entienden cada vez más esta fragilidad. Enfrentamos dos opciones: retrasar la decadencia o acelerar el colapso. No hay una tercera vía donde la intervención finalmente funcione.
La tarea que tenemos por delante sigue siendo la misma que hace décadas. Necesitamos un mundo más desenredado, más decisiones tomadas por individuos, más diversidad. Una regla basta para la cooperación humana: no robar.
Tres pasos
- Primero, deja de esperar la aprobación masiva.
Desprograma tu pensamiento colectivista y la esperanza de que las masas se despierten. No desperdicies tiempo tratando de arreglar la política, ganar mayorías o recibir validación del mainstream. Estás por tu cuenta por ahora. Cada constructor/productor está solo al principio, posiblemente por mucho tiempo. 2. Segundo, date cuenta de que debes ser un constructor.
No hay nadie a quien esperar. No hay un plano que darle a futuros arquitectos. Si no actúas, nada sucederá. Y aunque alguien más construya lo que querías, tú no podrías reclamar nada. Serías un “polizón”; y los polizones no pueden quejarse cuando lo que querían nunca aparece. 3. Tercero, coopera y compite.
La división del trabajo ha sido uno de los mayores descubrimientos de la humanidad. Pero ni la cooperación ni la competencia funcionan para quienes no producen nada. No puedes quedarte esperando que el mercado cumpla tus sueños. El mercado no crea. Solo amplifica las acciones de quienes lo hacen relativamente bien mientras elimina a quienes generan desperdicio.
Oposición
Entiende que lo que hacemos es emprendimiento cultural. Creamos sistemas culturales. Y la cultura actual no da la bienvenida a nuestra contribución. Se opone a todo lo que representamos. La cultura dominante ofrece seguridad a través de números, comodidad en la conformidad. Todo lo que construimos amenaza su estructura.
Si dudas de esto, presenta las ideas de la criptoanarquía o el individualismo radical ante tu grupo de familiares, amigos y conocidos. Mira la reacción.
Más allá de lo digital
Hemos progresado en algunas áreas. La comunicación descentralizada existe. Se están construyendo redes sociales resistentes a la censura. La criptomoneda provee un rail monetario alternativo. Estos son logros reales.
Pero no son suficientes.
Una sociedad paralela no puede funcionar solo con redes sociales y raíles de pago. Los cypherpunks nos dieron la capa de comunicación. Bitcoin nos dio la capa de dinero.
Lo que nos falta es casi todo lo demás: la capa productiva, la infraestructura física, las instituciones humanas que hacen posible la vida diaria sin depender de sistemas hostiles.
El futuro no consistirá solo en desarrolladores y financieros.
Los codificadores y financieros crean plataformas y herramientas, pero la vida proviene de quienes producen bienes y servicios reales: agricultores, carpinteros, mecánicos, pequeños comerciantes. Una sociedad de solo desarrolladores y comerciantes se queda sin comida al día siguiente.
Esto significa abrazar lo físico. No todo es digital. La vida no ocurre en Internet. Porque no somos bienvenidos en las instituciones contemporáneas, no podemos delegar lo físico en ellas. Mezclar nuestras actividades con sus sistemas bancarios, judiciales o de identidad nos hace vulnerables.
Crea lugares físicos para reunirse y comerciar.
Moneda física y redes de trueque. Almacenes, mercados, talleres.
Protege tu perímetro personal, pero no te escondas por completo. La combinación de digital y físico crea poder real. La comunicación digital permite coordinar distancias. La producción física crea los bienes y servicios que sostienen la vida real.
Qué se necesita
Sentirás miedo. Esto es bueno. El miedo te mantiene alerta. Pero debes dominar tu miedo en vez de dejar que él te domine.
Muchos han preguntado dónde están las redes, los movimientos a los que unirse, los líderes a seguir. No hay ninguno, al menos no como se imaginan. Lo que existe es una colección distribuida de personas que han decidido construir en lugar de esperar.
Lo que hacemos es arriesgado, y lo sabemos.
Lo que construimos tiene valor, aunque sepamos que nuestras implementaciones pueden no ser óptimas.
Hemos aprendido que la calidad de la asociación importa enormemente.
La energía gastada en quienes solo consumen es energía no disponible para construir.
No ofrecemos un pasaje gratis.
Si esperas que otros resuelvan tus problemas, implementen tu visión o te lleven, esperarás para siempre.
No es trabajo de nadie más que tuyo.
Hazlo tú mismo.
Si lo haces, otros constructores lo notarán y la colaboración será posible.
La pasividad no logra nada.
Lo que importa es la acción: construir, comerciar, producir, crear.
Conclusión
Las personas que actúan son escasas y valiosas.
Las que solo discuten son comunes y aportan poco.
Nuestro mundo no es un lugar de privilegios.
Lo que construimos nos cuesta muchísimo y continúa costando.
La compensación importa. El honor importa.
Cumplir compromisos importa.
El comercio depende de la fiabilidad.
Sé paciente.
Actúa con rapidez, pero sé paciente en la construcción.