Se dice que, si no hubiese patentes, no habría avances médicos. Es al revés: la industria farmacéutica se refugia donde no hay patentes. Pueden experimentar. Porque las mejoras de cualquier bien, normalmente, son sobre sí mismo. (1/9)
Henry Ford consiguió que no se patentara el concepto de automóvil. Bien. Ahora imaginen que se hubiese patentado. Primero, seguiríamos con el Ford T porque no habría ningún incentivo a mejorarlo. ¿Para qué vas a invertir en mejorarlo si tienes el público garantizado? (4/9)
Pero cada una de las partes fue mejorando sobre sí misma. Los avances en el automóvil fueron tan grandes porque cada una de las piezas fue mejorando sobre sí misma: los frenos son mejores, los neumáticos son mejores, los volantes son mejores, los motores son mejores... (3/9)
¿Qué pasa? Ahora, cuando usted elabora un medicamento, no sólo patenta el medicamento, sino todo el proceso para llegar al medicamento, e incluso patenta el círculo, es decir, las posibles fórmulas alternativas que hay, de tal forma que nadie pueda alcanzar su medicamento. (7/9)
Pues lo mismo pasaba con los medicamentos. Los medicamentos iban mejorando sobre sí mismos. La aspirina, por ejemplo, fue creada sin patente. (6/9)