Varios episodios recientes, entre ellos el bloqueo temporal de Twitter en Brasil y la ley australiana que prohíbe que los chicos usen redes sociales, me generan una reflexión que podría titularse: "No le regalemos la bandera de la libertad de expresión a la derecha", o bien: "No dejemos que reformistas botones metan vigilancia y censura en la red porque los principales perjudicados no van a ser los reaccionarios sino los que se animen a pensar y hablar de cambios radicales".