Cuando decidí presentarme a las opos de profe de lengua y literatura, decidí que solo lo haría disfrutando. Y lo he disfrutado. Hasta hice un podcast para motivarme a profundizar en el temario de literatura. Pero a 3 días de presentarme a la última prueba, puedo decir que hace dos meses que ese disfrute se ha esfumado para dejar paso a la simple y llana alienación. Cuanto más te implicas en la prueba, más vas asimilando la importancia de hacer exactamente lo que te dicen como te lo dicen. La oposición te exige mucho tiempo, dinero y esfuerzo intelectual, pero también te exige mucha sumisión. Pura obediencia y anulación de tu singularidad. Debes demostrarle al sistema que estás dispuesto a cumplir con lo que el sistema te dicta, no importa lo alienante o ilógico que sea. Yo he retrasado lo que he podido esa alienación, pero tarde o temprano, te atrapa. Te convierte en un gusano dispuesto a obedecer sin réplica, de la forma más puntillosa, detallada y acrítica posible, a todo lo que te ordenan que hagas para conseguir tu plaza. A mí nunca se me ha dado bien obedecer, la verdad. Quizás es por mi narcisismo, pero si es así, es lo único de mi narcisismo que me parece salvable. . De lo que tengo ganas es de llegar al tribunal y soltar un speech de pura y dura auto-reafirmación contra este proceso inhumano. Pero qué victoria tan efímera sería esa, verdad... No, lo que haré será cumplir como un borrego con gafas las órdenes más complejas que el sistema me ha dado nunca, para ganarme un puesto vitalicio en el sistema. Y si lo consigo me sentiré muy orgulloso. Beee.