Hoy voy a usar mi primera clase de mi asignatura de novela en el máster para hablar de creación literaria e IA.
Un mayoría del alumnado no necesita escuchar mi crítica a su uso. Comparte conmigo una filosofía hacia la literatura muy antigua y bella, casi como una espiritualidad laica, que nos mantiene a salvo lo cantos de sirena de cada época.
(Así es: somos una secta indestructible y milenaria, tan inmanente al ser humano como cantar y bailar, y sobrevivimos a todas las épocas porque nuestra mierda se ejecuta en cada generación directamente desde el código genético :blobwizard: ).
Pero bueno, también hay alumnos con otro enfoque para su escritura, digamos más acorde a cómo funciona el mundo en el siglo XXI.
Son los que buscan aumentar la productividad reduciendo al mínimo los costes, con el incremento de los beneficios (tanto sociales como económicos) como meta.
Y claro, para ellos lo de escribir con IA viene a ser como lo de coser con telares mecánicos.
Para este segundo perfil he preparado dos sesiones de Chat GPT en las que le he ido pidiendo a la IA instrucciones que ponen en evidencia el estrechísimo margen de variabilidad de los resultados literarios que es capaz de generar.
Mi objetivo es que entiendan que aprender a escribir literatura con IA tiene tantas previsiones de darles beneficios económicos o capital social como aprender a ser dj en 2025, ese oficio que ha sido sustituido en un 99,9% por algoritmos de recomendación y playlist de streaming.
Sé que a algunos no les puedo sacar el capitalismo de dentro.
Pero sí les puedo mostrar con ejemplos objetivos la falta total de valor de mercado que tendrá “su” literatura hecha con IA.
Nadie te va a dar capital social o económico por copipegar resultados que te da una IA comercial de propósitos generalistas de 20 euros al mes, por muy virtuoso que te pongas diseñando tus prompts y maquillándolo con un poco de humanización.
Me estoy leyendo una antología de Snoopy y Carlitos, esa tira cómica que en su momento álgido leían 300 millones de compradores de periódico cada día.
Es interesante volver hoy a ella porque es puro espíritu de época de ese EEUU que los MAGA reivindican ahora: los felices 50.
Interesante, digo, porque detrás de la comicidad sencilla, Carlitos es un personaje infeliz, que representa bien la tristeza de alguien que no se siente como debería.
Porque "los felices 50" ya eran un mito en los 50. Una construcción cultural. En US en los 50 DEBÍAS ser feliz. Y si no lo eras, tenías un problema.
Schulz, el autor, tenía ese problema. Y de ahí nace Carlitos y Snoopy. Del humor negro surgido la frustración, la crueldad social, el fracaso, la mediocridad, la frustración sexual...
Está protagonizada por niños y un perro, pero nunca fue una tira para niños.
Schulz decía que la dibujaba para si mismo.
Dibujó más de 18000 tiras y lo dejó cuando ya no podía ni leer. Murió poco después.
El día antes de morir, Anita se atrevió a participar en la jam session con la fantaseaba desde hacía años; tantos como llevaba encerrada, cada vez más obsesionada con componer música electrónica. Víctima de bulling, Anita había tenido que terminar la ESO en su casa, hasta convertirte en una hikikomori.
Pero una semana antes, había visto anuncio en el Instagram de la jam que parecía hablarle a ella.
¡¡Trae tu sesión dj!! ¡¡Open DJ!! ¡¿Qué esperas??!
Era ahora o nunca: la jam estaba casi siempre reservada solo a guitarristas, baterías, pianistas, cantantes de rock, de jazz, pop latino… ese rollo de banda tan siglo XX. Pero estos estaban desaparecidos tras la muerte repentina de 3 de ellos.
Igualmente, la noche de la jam, Anita se encontró un ambiente animado. En la barra se rumiaba el típico postureo entre guapos y guapas. Frente al escenario, sentados en primera fila, una familia de turistas de Europa del norte esperaba expectante.
Anita colocó su controladora MIDI y su Macbook sobre el soporte vacío del Nord. Un nudo de adrenalina y agorafobia palpitaba bajo su amplio pecho, mal disimulado por el jersey más grande que encontró en su cutre-armario.
-Este tema se llama “Cordillera” —dijo al micro.
Entonces lanzó las primeras secuencias de audio, a la que fue sumando más capas, que luego sustraía, sustituía, o encharcaba de efectos, en una progresión de sintetizadores y cajas de ritmos rica y a la vez sencilla, original y a la vez familiar.
Los guapos y las guapas dejaron de ligar y se callaron; era como oír algo que siempre había estado ahí, pero que solo Anita había sido capaz de capturar.
Su canción sonaba como la única posible y, a la vez, tan insólita como el primer llanto de un recién nacido.
Se apagó la última nota. El público había enmudecido.
A tomar por culo, pensó Anita. No necesito la aprobación de esta gente.
Recogió su equipo y se marchó por la puerta sin esperar a que terminara la ovación de gritos y aplausos.
#CuentosSinFinal
Estaban dando martillazos los de la obra a la hora de la siesta y me he acordado de que mi hermana siempre se queja de que no tengamos párpados para las orejas.
Yo creo que si me dejaran hacer una pequeña modificación a mi organismo sería un botón para dormirse.
¿Por qué dormirse no puede realizarse como una acción voluntaria, como lo es comer?
Podríamos dormirnos apretando con un dedo el ombligo, por ejemplo.
Si os dejaran incluir una nueva función a vuestro organismo, ¿cuál sería? (pequeña, no vale decir inmortalidad)
Hoy en "reinterpretaciones de dichos":
- No fue un adelantado a su tiempo; es que vivió en un tiempo de retrasados.
- Quien ignora la historia está condenado a repetirla. Pero quien ignora el presente está condenado a perpetuarla.
Utilizo un programa de dj para escuchar música y además produzco podcasts musicalizados.
Eso hace que, cada vez que escucho música, esté viendo la representación visual de su onda, de su dinámica.
Según el dibujo de esa onda diferencio dos tipos de música:
- música cuadrada
- música de cordillera.
La cuadrada es la que tiene una onda que es como un bloque horizontal: un rectángulo compacto de principio a final, sin apenas irregularidades. Si uno la amplía, verá que ese bloque en verdad tiene forma de peine de cerdas muy juntitas que, de lejos, se amalgaman en un rectángulo.
Ahí cabe la mayoría de la música pop/rock/indi/EDM “animado”, es decir, la que se puede bailar o cantar a gritos, la que suena “potente”, y que ponen en la radio para que la gente se espabile, esa que se oye en todos los chiringuitos playeros y escenarios principales de los festivales; esa que va de venirse arriba.
Es la música más fácil de pinchar si eres dj porque es como encajar piezas de lego.
Los productores de música comercial tienden ademas a producir cualquier canción para dejarla “cuadrada” (aunque no lo sea). Es música que nunca pierde volumen ni presencia, ideal para la escucha tipo “radio”.
Y luego está la música de cordillera.
Esa tiene una onda que es como si miraras la cuerda de una cordillera montañosa al atardecer, cuando una silueta se recorta contra el cielo. Es irregular: tiene crestas, riscos, valles, pendientes, llanuras: una irregularidad constante.
Aquí cabe la mayoría de la música clásica contemporánea y la música experimental, desde bandas sonoras a electrónica compleja.
Esta música es muy difícil de pinchar: es como intentar encajar piezas rotas de diferentes jarrones.
Como oyente, cada vez me decanto más por la música cordillera, y cada vez me alejo más de la música cuadrada. Ya es ver una onda cuadrada en la pista de audio y sé casi fijo que esa canción no va a ser para mí.
Síganme para más reflexiones snob sobre cultura contemporánea.
He estado leyendo un artículo sobre “no askers”, es decir, gente que no pregunta, sino que solo habla de lo suyo.
Tú te interesas por sus cosas, le escuchas, le preguntas, pero los papeles nunca se invierten. No habrá reciprocidad.
En general, me esfuerzo por no ser un no-asker, y me gustaría hacerlo también en Mastodon. No quiero usar esta red social solo para contar mis movidas.
Pero reconozco que, a veces, por falta de confianza, me cuesta comentar las movidas de las demás. La gente no siempre quiere interactuar.
Aunque yo lo intento.
También uso los favs como una forma rudimentaria de interacción, para que sepas que me ha llegado lo que has escrito, por una razón u otra.
Y luego está la opción de preguntar. Así que os pregunto, ¿qué tal estáis?