Ayer por la noche acompañé a dar su primera vuelta en coche a alguien que se acababa de sacar el carné.
Conducía como te enseñan para aprobar, es decir, con un escrupuloso seguimiento del código vial.
Yo le fui orientando para que se fuera adaptando más a la conducción real de la ciudad, o en otras palabras, para que violara el código vial estricto y condujera según la convención social.
Al final me dijo que entendía porque había gente que le cogía miedo al coche y no volvía a conducir.
Ayer en clases de canto descubrí que tenía una voz escondida. Una voz potente, capaz de hacer vibrar mis cuerdas vocales.
Yo había llevado una canción compuesta por mí para trabajarla. La profe me dijo que estaba demasiado grave. Comenzó a subirla de tonalidad y cuanto más la subía, mejor afinaba yo y más chorro de voz me salía.
Casi se me saltan las lágrimas. Nunca me había oído cantar así.
Me di cuenta de por qué. Cuando yo era chaval se metían conmigo por ser un “marica”, es decir, por ser afeminado y estar siempre con las chicas.
Para huir del bulling, me masculinicé. Y asumí sin querer una voz más grave, que no es la mía.
Se lo expliqué a la profe y me dijo que a ella le había pasado lo mismo. De niña ya era una tía grande y se esforzó por hablar y cantar grave y muy bajito para hacerse más pequeña ante los demás.
Cuando aprendió canto descubrió su propia máscara. Y se la quitó.
Es curioso como desde que sé que este año voy a tener menos ingresos mi mente ha entrado en "modo ahorro".
De pensar, "a ver si cambiamos esta aspiradora"
A pensar "esta aspiradora todavía aguanta".
De pensar "hay que cambiar esta mesa y estas sillas"
A pensar "Anda que no he vivido yo en pisos con mesas y sillas peores"
Dentro de mí hay un pequeño burgués consumista y un proletario que vive al día.
Y, al parecer, se intercambian los mandos del aparato según oscila mi cuenta corriente.
Ya estoy terminando la siguiente canción de #Celofán: Peluches vivos.
Para mí esta es especial porque me estoy dando permiso para cantar como hacía décadas no me permitía, porque complejitos.
Es una balada que he escrito pensando en que diría mi gato si fuera un filósofo existencialista francés de los años 50. Así que en lo lírico mis influencias son: Jean Paul Sartre, Albert Camus y mi gato Kokoro.
En lo musical creo que puede sonar cerca del Astrud y el Albert Pla más quejosos.
Ayer me enteré de que voy a tener menos ingresos este otoño.
He planeado mi año para trabajar y estudiar, así que ese recorte me deja más justo.
Y esta mañana me asaltaron ideas para aumentar ingresos con mi pequeño negocio.
Entonces me recuerdo que mis necesidades básicas están más que cubiertas. Y que tengo a mi disposición muchos placeres baratos. Hacer música, jugar videojuegos, la biblio, pasear...
Que le den a trabajar más.
Y qué bueno es saber ser feliz con lo que tienes.
¿Qué política sigues con los pelos de gato que se te quedan pegados en la ropa?
Ayer en 1 hora en clase de canto entendí una cosa que hago con mi garganta cada vez que la uso con cierto volumen.
Y era algo especialmente importante de entender para mí, que me quedo ronco en cuanto tengo que usar la voz para cualquier cosa que no sea hablar para el cuello de mi camisa.
Creo que deberían enseñarnos a todos a usar nuestra voz. La mayoría la usamos varias horas al día sin entender lo que hacemos con ella.
Me lo apunto para mi futuro de profe de lengua.