Ayer vino a visitarnos una amiga que acaba de retornar a España después de 10 años viviendo de expatriada, entre Alemania y Austria. Me preguntó como fue para mí cuando retorné, después de vivir 7 años en el extranjero. No quise contarle ninguna mentira piadosa. Regresar a España fue la época más dura de mi vida. Tardé años en rehacerme. Y sin embargo no hay un día que me arrepienta de haber regresado, ni de haber emigrado en primer lugar. Ahora me siento como uno de esos exploradores que pasaban años de expedición y luego volvían a su ciudad natal para no volver a viajar. Siento que ya no le debo nada a la aventura. He saciado mi sed de ver mundo. Y era algo que desde niño había deseado. También mereció pagar el precio de volver. Vivir toda la vida de expatriado te empapa hasta los huesos. Mi amiga se decidió después de que su padre se muriera estando ella en Viena. No quería perderse también a su madre. Y sabía que si tenía hijos allí no volvería jamás.
Coinciden estos días que ando en busca de editorial para mi libro que estudio la figura de los juglares en la edad media. Y me doy cuenta de las quimeras que esperamos a veces los escritores del mundo editorial. Históricamente la única manera de que el arte produjera un beneficio económico era agradar al pueblo o agradar al poder. O hacías cultura popular o hacías cultura cortesana. No existía ninguna clase cultural intermedia interesada en darle valor al arte que no sirviera a los intereses ni de unos ni de otros. Y lo cierto es que diez siglos más tarde tampoco existe demasiado. O haces arte subvencionable, o haces cultura comercial Sin embargo, los escritores escribimos libros desde el idealismo, ignorando los requerimientos de la institución y/o la industria, y luego pretendemos encontrar a un editor dispuesto a gastar su dinero para lanzarlos, lo que equivale a creer que habrá lectores con ganas de gastar su dinero en comprarlos. Spoiler: casi nunca los hay.
Hace unos días discutíamos por aquí sobre la pertinencia de que el periodismo y el activismo de izquierdas siguiera o no en X, todo a raíz de un articulo a favor (de seguir) de Gerardo Tecé. La discusión me sirvió para armar un artículo que envié a CTXT, medio donde de tanto en tanto colaboro. Hoy lo publican. Aquí os lo dejo. #Twitter #x
Ese influencer o youtuber que va adaptando sus contenidos en función de lo que más audiencia le da, está mucho más cerca del juglar de lo que parece. Hoy me toca estudiar la transmisión oral. En un mundo analfabeto, la transmisión de conocimiento era a través de la palabra recitada por juglares que se ganaban el pan agradando a su audiencia. Con la expansión de los medios de masas como la radio o la tele, el pueblo pierde el control del conocimiento popular, analfabeto, que pasa a ser controlado por el estado y luego por el capital privado. Pero la llegada de internet inaugura una nueva democratización del conocimiento popular; la difusión viral recupera gran parte de la mecánica de la oralidad. Y tanto en la edad media como hoy, es evidente que la visión de la realidad más popular, más democrática, no es la más científica sino la más ideológica. El pueblo parece más dispuesto a difundir la versión de los hechos que más se adapte a una concepción previa del mundo.